This is who I am

"I'm givin up, baby"

Eso fue lo último que escuché antes del accidente. El estribillo de esa canción que tan bien conocía fue lo último con lo que mis oídos se deleitaron antes de que ese estruendo tan horrible lo inundara todo.

Resulta algo irónico que lo íltimo que escuchara hablara de rendirse cuando yo todo lo que quería hacer era luchar por mi vida. Aunque tampoco es menos irónico que aquello que me ha hecho daño estos últimos años haya sido lo ultimo que mi mente haya evocado.

Nunca pensé que llegaría al punto de que fueras mi último pensamiento... supongo que eso resume bastante bien mi vida.

Recuerdo la decepción que sentí cuando vi el coche perder el control y no notar eso que dicen de "ver pasar mi vida ante mis ojos". Siempre había sido algo diferente del resto de la gente pero ¿acaso no merecía algo de normalidad en lo que era mi lecho de muerte?

Pero no, nada de imágenes a cámara lenta de mi vida como en las películas en las que el protagonista recuerda desde su nacimiento hasta cómo llegó a aquel punto. La verdad, siempre había tenido algo de esperanza en que fuera real y así recordar cómo fue mi infancia.

En su lugar, todo lo que obtuve fue una racha de imágenes, como si fueran fotografías, que me embotonaron el cerebro. Por un momento me sentí como si estuviera en mi página principal de Tumblr y tuviera el cursor sobre una de esas típicas imágenes con un "Never give up" escrito en grande y con los momentos más felices de mi vida reproduciéndose en su interior. La clase de imágenes que yo reblogearía...

Al principio me cabreó bastante que todo fueran recuerdos alegres, ya que siempre había sido algo negativa. O puede que no siempre, pero ya no era capaz de recordarme viéndole el lado positivo a las cosas.

Me había pasado tanto tiempo en mi vida intentando educar a mi cerebro para no entrar en una terrible y absorbente depresión y, al final, lo había logrado. Ese positivismo y alegría por la vida que tanto había intentado adquirir estaba simplemente ahí, como para decirme "lo lograste, no fue en vano".

Alegría e impotencia fue todo lo que pude sentir. Había conseguido ver que, como mi madre siempre decía, todo tiene arreglo salvo la muerte. Pero mi antiguo yo y su pesimismo seguían vivos en mi cabeza repitiendo una y otra vez "¿y por qué no lo has descubierto antes?".

Mi mente dejó aquello a un lado, como en un segundo plano, cuando me di cuenta de cuales eran esos momentos alegres que acababa de visualizar. Sus ojos, su mirada penetrante, sus manos, sus labios... Su olor. Esa mezcla entre hierba recién cortada y tierra mojada que daban aroma a todo su cuerpo de una forma extraña que no comprendía.

Y así fue que con los ojos cerrados, esas imágenes aceleradas pegadas a mis párpados, ese estribillo, esa medio lucha interna por no haber luchado cuando debía, ese olor que tanto me derretía y una sensación de añoranza que no sabía de donde procedía que mi último latido fue tuyo. Como nunca pensé que llegaría a serlo.

littlethingsworld.blogspot.com

Andaba por un camino de tierra atravesando el bosque. Buscaba a alguien.

Se detuvo en un pequeño claro bañado por la luz de la Luna que se escapaba entre las nubes y se sentó en el frío suelo. Esperaba a alguien.

Hacía frío, una brisa heladora hacía que las hojas de los árboles se balancearan de un lugar a otro. De vez en cuando se podía oír el crujir de alguna que otra rama, pero no tenía miedo, solo frío.

Se abrazó a sí misma y pegó las rodillas al pecho para protegerse del frío. ¿Dónde estaba? Llegaba tarde.

Una nube tapó la Luna, impidiendo a la luz atravesarla. Todo se sumió en la más profunda oscuridad. Se levantó. Llegaba tarde. Era la hora. Llegaba tarde. ¿Dónde estaba?

Se dio la vuelta, dispuesta a irse. La oscuridad la inquietaba. ¡No! Claro que no era miedo, ella era valiente, solo la hacía sentir incómoda… desprotegida…

Entonces notó cómo algo la acariciaba el brazo. Escalofríos. No de miedo, de placer. No podía ver nada, pero sabía qué era exactamente lo que la estaba acariciando. Su mano, fría al contacto, firme como de costumbre.

La luz de la Luna volvió a colarse por las pequeñas separaciones que dejaban las nubes entre ellas y lo vio. Esos ojos negros, profundos, con un toque siniestro. Ojos que escondían secretos de magnitudes desconocidas.

Entonces, los ojos hablaron:

- Mi princesa. Mía. Para siempre.

Fairytale book

Me agarraba del brazo, puede que más fuerte de lo que se considera normal, mientras se lamía los labios una y otra vez para evitar gritar. Sabía que quería gritarme, zarandearme, incluso golpearme; pero intentaba contenerse.

Yo, apoyada contra la pared de fríos ladrillos, me limitaba a sollozar en susurros mientras me tragaba las lágrimas. Tenía el brazo derecho inmovilizado por el apretón que ejercía su mano sobre él y con el izquierdo sujetaba detrás de mi espalda un libro de cuentos.

Había llegado a preguntarme cientos, miles de veces, qué daño podía llegar a hacer un simple libro. Los libros suelen ayudarnos, nos dan consejos, nos transportan a otros mundos. ¿Qué mal podría provocar un libro?

Seguía sujetándome. No parecía querer soltarme, al menos por el momento. Sentía como la mano se me dormía. No dejaba de apretar. Su fuerza iba en un creccendo constante. Quería que me soltara. Lloraba, suplicaba... pero no soltaba.

Me separó de la pared de un tirón, como si yo fuera una simple muñeca de trapo y mi peso no fuera superior al de una ramita. De hecho, mi cabeza me repetía una y otra vez que una muñeca de trapo era más importante que yo en aquel momento.

Me dio la vuelta y arrancó el libro de la mano. Llegados aquel punto el libro era una extensión más de mi propio cuerpo. Dolía que me lo quitara.

Me soltó, por fin. Yo caí al suelo, exhausta, acariciándome el brazo con la mano desprovista del libro. Lo tenía enrojecido, inflamado, me dolía al tocarlo.

Él seguía centrado en él, con la respiración acelerada y andando de un lado a otro sin parar mientras pasaba las páginas.

Entonces, de repente, se giró hacia mi. Puso sus ojos a la altura de los míos y me obligó a mirar cómo arrancaba una hoja tras otra mientras decía:

- ¿Sabes lo que estoy haciendo? Voy a destruír esto que llamas libro y a lo que tanto pareces amar. ¿Por qué? ¿Placer? ¿Odio? ¿Envidia? ¡Qué más da! Lo único importante aquí es que tú veas como acabo con este pozo de sueños falsos. Pero es por tu bien, créeme.

No pude hacer más que llorar. Intentar creer sus palabras. Él solo quería lo mejor para mi, me quería. Lo hacía por mi y, aunque no parecía tener mucho sentido en el interior de mi cabeza, me obligué a creerlo.

Algo repiqueteó en mi mente con un constante "¿por qué?", pero le bajé el volumen y volví a centrarme en el arrancar de hojas.

- Sabes... nunca comprenderé por qué esa obsesión con leer. Es una pérdida de tiempo.

Hinché los pulmones. Tal vez debí hacer mantenido la boca cerrada, pero no pude evitar responder en un leve murmullo:

- Una vez oí que los cuentos nos hacen tener esperanza. Nos ayudan a creer que lo imposible... puede llegar a ser posible.

Y la desesperación

de no saber qué hacer me lleva a escribir la lista.

Fuente: weflytoneverland.blogspot.com

What if...

What if I ask you to go out of my head? To run, run away as far as you can. To go away from here and never ever come back. To forget me as fast as possible, faster than I even can.

What if I ask you to remember? To have me present in every move you make. To listen to my lost voice in your head every time you look back. To lose your mind every time you try to go back.

What if i ask you to love me? To have your hugs every time I need them. To have your kind words whenever I feel sad. To have a feet to follow whenever I feel like losing the path.

 

What if I whisper to the nothing I love you? What if I say I can't live with this feeling inside me? What if I scream to the whole world that I need you but I don't wanna have you here? What if I yell at myself that you won't come back for me?!

What if... What if I ask you to

delete yourself from my memories?

Tú y tu falsedad. Esa que me dice "te quiero" en el momento en el que más me estás odiando. Esa que me abraza cuando todo lo que quiere es alejarse de mi de una vez.

¿Llegaste a recordarme? Ten el valor de mirarme a la cara y decirme de una vez que no para que pueda empezar a olvidarte, para que pueda odiarte y así resulte todo mucho más fácil. Ten el valor de dejar de ignorarme, de dejar de hacerme creer que te importo aunque sea un poquito.

Dime que me odias, que todo fue una farsa, que solo jugabas conmigo, que nada fue real... Dime que no fue nada para ti, que te daba igual todo lo que te decía, que tu corazón nunca llegó a sentir lo que el mío.

Tú y tu falsedad, cogidos de la mano desde siempre y para siempre.

Oblígame a olvidarte, puede que así lo haga.

London

Cientos de personas, agolpadas en un mismo puente, en un mismo lugar de la ciudad, todos en el mismo sitio para ver lo mismo.

En el fondo no es más que un reloj, un reloj en una imponente torre que canta las horas en punto. Un reloj y nada más que hace a la gente enloquecer por sacar la fotografía perfecta. ¿Cuántas veces habrá sido plasmado en papel a lo largo de la historia aquel mismo edificio?

La gente se vuelve loca, quiere su foto, quiere la situación perfecta, el ángulo perfecto... solo les preocupa tener una fotografía, algo que poder enseñar a sus amigos y familiares para demostrar que han estado allí. Solo les preocupa darle al botón, pero nadie se detiene a observar y disfrutar.

Nadie, de todas esas personas, se para por un minuto a observar el marco dorado del reloj. Nadie se detiene a escuchar esa música característica que sale de él cuando dan las doce. Nadie se para a pensar cómo o cuánto tiempo llevó crear aquel reloj, prefieren pensar en el enfoque de la cámara.

Todos se perderán esa sensación de intentar acompasar los latidos de un corazón con el sonido de la canción. Todos se volverán a casa y se sorprenderán al ver las imágenes, al ver lo que no vieron estando delante de él. Todos y cada uno de ellos sacará el paraguas a toda prisa en cuanto noten las primeras gotas de lluvia caer sobres sus cabezas, esconderán sus amadas cámaras y no tardarán en irse. ¿Quién quiere una foto con lluvia?

Pero eso es porque ellos desconocen esa sensación de dejar que las primeras gotas te mojen, te recorran tímidamente la cara, cada curva de ella. Desconocen y siempre desconocerán ese momento mágico en el que el sonido de la lluvia al fundirse con el agua del Támesis marca el compás de la canción que indica la una del mediodía del Big Beng.

Oscuridad

Perdida en ninguna parte te busco entre las sombras, esperando que, de alguna manera, mi sentido del tacto se desarrolle al perder el de la vista. Tanteo a mi alrededor con la vana esperanza de encontrar algo a lo que aferrarme, a ser posible una parte de tu cuerpo. Una solitaria lágrima recorre mi mejilla al no encontrar más que fríos adoquines de piedra por todas partes.

Si solo pudiera decirte que

siempre te he querido...

This is for those who understand.

¿Sabías que debes ser tú mismo pase lo que pase? ¿Que no debes dejar que nadie te diga quien o qué debes ser? ¿Sabías que no es malo ser diferente del resto? ¿Sabías que no puedes huir de lo que eres, aunque lo intentes?

¿Sabías que los sueños se hacen realidad? ¿Que solo necesitas creer en tí mismo y luchar por lo quieres? ¿Sabías que debes soñar y debes luchar pase lo que pase? ¿Sabías que los que te dicen que no lo conseguirás son los que envidian que estés a punto de lograrlo?

¿Sabías que todo esto son cosas que la gente normal sabe pero que nadie se para a pensar tan a menudo como debería?

¿Sabías que si vives arrepintiéndote de lo que has hecho e intentando olvidar lo malo, no vives realmente? ¿Sabías que mientras te arrepientes tu vida se escapa de entre tus manos?

You gave me all you had.

-¡Habría venido antes!

- No- fue un susurro casi inaudible quebrado por el inicio del llanto-. No lo hubieras hecho, simplemente porque no podías. Tú no podías venir y yo no podía ir, es así de simple y de complejo a la vez.

Él abrió la boca para responder a todo aquello, negarlo de cualquier forma que se le pasara por la cabeza. Iba a comenzar a soltar la retaíla de argumentos en contra cuando ella volvió a hablar. Dos lágrimas, brillantes como el cristal, recorrían su mejilla.

- Y no intentes negarlo porque sabes que tengo razón.

Se acercó un poco más a ella y, con muchas suavidad y sus ojos clavados en los verdosos de ella, le retiró las lágrimas.

- No me gusta verte así.

Sus brillantes ojos verdes se cerraron de golpe y, al hacerlo, una lágrima más se deslizó por su rostro. Él se quedó allí, sin poder moverse. Estaba demasiado sobrecogido por el dolor que ella mostraba y demasiado dolido por la parte que le tocaba para hacerlo.

Jamás se hubiera imaginado que sufriría tanto. Ambos sabían que no iba a ser fácil, pero aquel extremo... Era demasiado insoportable verla así.

- No te preocupes- murmuró ella, de repente. Seguía con los ojos cerrados y había extendido la mano derecha para coger la izquiera de él. La apretaba con fuerza, como si tuviera miedo a perderle-. Ahora estás aquí, se me pasará.

Él le devolvió el apretón de manos y apoyó la frente en la suya. Se quedaron un momento así, sin moverse, escuchando la respiración del otro.

- Deberías dormir- habló para romper el silencio y levantó un poco la cabeza.

- Lo sé, pero...

- Pero, ¿qué? Lo necesitas.

- Tengo miedo... ¿Estoy soñando?

- No lo creo. ¿Te dolería tanto si soñaras?

- Supongo que no...

La guió, cogida de la mano, hacia la cama y prácticamente la obligó a que se tumbara y descansara.

- Espera- dijo ella desesperada cuando él estaba a punto de salir por la puerta para dejarla dormir-. Quédate aquí, ¿quieres? Abrázame hasta que me duerma.

Ni siquiera dudó un segundo. Se acercó con menos de cinco pasos y se tumbó junto a ella. La rodeó con los brazos y esperó.

- Prométeme que seguirás aquí cuando despierte.

- Te lo prometo.

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